10 oct. 2017

Ryanair se ve abocada a la revolución de sus empleados o a protagonizar una nueva crisis

Las cosas en Ryanair nunca volverán a ser como antes de la crisis de este septiembre. La aerolínea irlandesa se enfrenta a una auténtica revolución, más impuesta que escogida, que le conducirá a tener que replantear su relación con sus trabajadores, con los gobiernos de los países en los que opera, con sus pasajeros y, sobre todo, con la propia concepción que tiene de sí misma.
Empezando por su controvertido pero eficaz director ejecutivo, Michael O'Leary, quien por primera vez desde que tomó el mando en 1994 ve cuestionada su posición. Hasta ahora, sus salidas de tono, sus críticas hacia el Brexit y sus sorprendentes propuestas -como aquella en la que planteó la posibilidad de que algunos pasajeros viajasen de pie- le habían bastado para proporcionar un sustento de marketing impagable que ha colocado entre otras razones a su empresa en el trono de las low cost.
Pero en la última reunión anual de inversores, que tuvo lugar en plena crisis, empezaron a despertarse tímidamente las primeras críticas. Anne Perkins, columnista de The Guardian y asistente al acto en Dublín, aseguró haber escuchado que deberían «empezar a rodar cabezas», además de algunos comentarios que ponían en duda la gestión del órgano de dirección.
Todo de forma demasiado calmada para una compañía que se hallaba envuelta en la mayor crisis de su historia. Porque lo cierto es que, según constata la periodista, en el momento en que se anunciaron los resultados de la empresa los ánimos se calmaron. Y no es para menos, Ryanair ha doblado el precio de sus acciones desde 2013 gracias sobre todo a la gestión de O'Leary.
Una gestión que, además de resultados económicos, ha traído crisis como la de este septiembre, la que ha dejado a más de 700.000 pasajeros en la estacada, ha generado una disputa con los pilotos y se le han abierto expedientes por parte de los gobiernos de los países en los que opera.
«Hemos cometido errores, pero en esta ocasión hemos metido la pata pero bien», admitía O'Leary en plena crisis con ese lenguaje tan simple como efectivo que le caracteriza.
En concreto, los errores han tenido que ver con la falta de previsión de la fuga de pilotos -la low cost se caracteriza por ser el punto de inicio de muchos profesionales que luego dan el salto a otras compañías una vez que han acumulado horas de vuelo- y con la falta de previsión y organización de sus vacaciones por parte de la empresa, ya que ahora están obligados a concederlas dentro del año natural.
Esta crisis, que en palabras del propio O'Leary ha sido una «jodienda con los horarios de los pilotos», evidencia las carencias de una aerolínea a la que sus propios empleados han acusado de «pasividad» ante una situación que podría haberse evitado.
Y es que parece que estos han comenzado a cansarse de las condiciones laborales ofrecidas por el mandatario irlandés, que tras cancelar los primeros 2.000 vuelos entre septiembre y octubre se vio obligado a ofrecer aumentos de sueldo y primas a sus trabajadores a cambio de que realizasen un trabajo extra mientras la compañía llevaba a cabo contrataciones para poder suplir sus carencias.
Algo que los empleados han visto como una medida insuficiente, ya que la mayoría de pilotos está trabajando con contratos temporales de agencia, por lo que piden la regularización de su situación para «mantener los aviones en el aire» y asegurarse de que «las cancelaciones sean mínimas», tal como informaron en una carta difundida por varias bases de la firma en Europa.

Dividir para vencer

Una situación de precariedad laboral clave a la hora de que la aerolínea pueda conservar sus precios bajos y que ya ha sido criticada, entre otros, por la Asociación Británica de Pilotos (Balpa) que aprovechó la crisis para mandar una serie de recomendaciones a la empresa de O'Leary. «Le hemos ofrecido nuestra ayuda para darle claves a la hora de retener a los pilotos porque es verdad que tienen un problema con ello», explicaba la asociación, a la vez que informaba de que Ryanair ha perdido 700 pilotos en el último año fiscal.
«Parece que el hecho de haber estado arañándole tiempo a las jornadas en verano, junto a la falta de previsión en la fuga de personal, ha conducido a esta desastrosa situación», explicó el secretario general de Balpa, Brian Strutton. «Creemos que estas condiciones laborales son las que están conduciendo a que la gente se vaya, la compañía debe convertirse en un lugar donde estén orgullosos de trabajar y donde se sientan valorados, no explotados», añadió.
De hecho, una de las jugadas maestras de O'Leary para tener controlada a la fuerza de trabajo durante todos estos años ha sido la de no permitir la adhesión a sindicatos por parte de sus trabajadores, fragmentándolos en cambio en Comités de Representación del Empleado (ERC), según el aeropuerto en el que tuvieran base.
Es por eso que cuando empezaron las protestas y comenzó a circular el rumor de que los pilotos podrían negarse a hacer más horas de las que tenían contratadas, el irlandés tiró de ironía para revelar cómo les tenía amordazados desde antes: «No sé cómo podría haber una acción sindical en Ryanair. No existe un sindicato».
Pero parece que ese alarde podría habérsele vuelto ahora en contra, ya que según informaba la prensa inglesa esta semana, se prepara una revuelta sindical paralela a la permitida por el sistema creado por la empresa.
En primer lugar por parte de los pilotos, que a través de una carta que ha circulado de manera secreta por todas las bases de la compañía han decidido cambiar los ERC por un comité central que represente a todos con el fin «de oponerse a la estrategia de 'divide y vencerás' que Ryanair ha aplicado desde hace tiempo en este conflicto».
«Acabar con esta estructura va a requerir de una inmensa fuerza de voluntad, aguante y compromiso por parte de cada piloto», se podía leer en la carta. «Es muy posible que las cosas empeoren antes de mejorar. Es previsible que la empresa luche contra cualquier cambio con todos sus recursos. Habrá incidentes».
Es tal el miedo que Ryanair le tiene a una organización sindical que cualquier cosa que se le parezca se identifica con el enemigo. Eso es lo que le ha ocurrido a la Ialpa, la Asociación Irlandesa de Pilotos de Aerolínea, que ha sido acusada de estar detrás de toda la revuelta, algo que ha negado a EL MUNDO a pesar de no querer hacer más declaraciones.
«Es la última estrategia de Ryanair para desviar la atención del verdadero problema», explica su presidente, Evan Cullen, en un comunicado. «Deberían centrarse en crear una situación agradable para sus pasajeros y empleados».
Y cuando parecía que el único frente abierto con su personal iba a ser éste, la tripulación de cabina empezó a filtrar también esta misma semana la posibilidad de empezar su propia huelga para ver también mejoradas sus condiciones laborales. Una fuente anónima citada por el diario The Telegraph desvelaba la estrategia a seguir: «En nuestro contrato pone que no podemos adherirnos a sindicatos, pero algunos de mis compañeros y yo, no sólo de mi base, hemos decidido ir a la huelga antes de irnos a trabajar a Norwegian y EasyJet. Imagínate que cinco de nosotros decidiésemos no despegar un día. Sería un caos».

Bajo la lupa

Un nuevo panorama que podría llevar a la compañía a una situación crítica, si se cumple la amenaza del trabajador, y que podría llegar a poner en duda la propia capacidad de supervivencia de Ryanair ante una nueva revuelta de su fuerza de trabajo.
Tras la segunda oleada de cancelaciones, que en teoría podría llegar a afectar a 18.000 vuelos de 34 rutas entre noviembre de 2017 y marzo de 2018; la aerolínea es consciente de que en esta ocasión ha ido demasiado lejos y que los gobiernos de los países en los que opera están pendientes de todos sus movimientos.
Empezando por la agencia tributaria británica (HMRC), que ya está estudiando las complejas estructuras de pago y contratación que tienen los pilotos para verificar que todo se esté llevando según la legislación vigente. De hecho, algunos de los más veteranos ya han confirmado en la prensa inglesa estar siendo objeto de investigación por parte del órgano gubernamental.
Una situación que se ha recrudecido después de que desde hace dos años el HMRC decidiese empezar a investigar a la aerolínea por estar contratando a la mitad de sus 4.200 pilotos a través de la empresa de empleo temporal Brookfield Aviation.
El modelo de contratación creado por la compañía dirigida por O'Leary obligaría a los pilotos que quisieran trabajar a crear su propia empresa, siguiendo los consejos de contables afines, para después ofrecer sus servicios a otras como Brookfield Aviation y llegar hasta Ryanair.
Esta estructura permitiría a la aerolínea mantener su política de costes bajos, evitando pagar por ejemplo bajas médicas y, por tanto, ofrecer precios con los que otras compañías no pueden competir; pero a la vez ha servido para levantar las sospechas del HMRC después de que algunos de los pilotos, inexpertos en la gestión de empresas, hayan cometido fraudes contra la hacienda pública.
«Cuando entré en Ryanair tuve que crear una sociedad limitada junto a otros dos compañeros que conocí en la formación. Nos fuimos a Irlanda, nos presentaron al contable y fundamos la empresa», explica uno de los pilotos con base en Reino Unido y que está siendo investigado desde febrero de 2015, a pesar de haber dejado la gestión en manos del contable impuesto por la aerolínea.
Pero no es el único frente que tiene abierto. El Gobierno español, por ejemplo, también le ha abierto dos expedientes informativos por los cuales podría llegar a pagar multas por valor de nueve millones de euros, según sean las reclamaciones que reciban de los consumidores.
«Realizaremos inspecciones sobre el cumplimiento del reglamento europeo de derechos de los pasajeros y, en el caso de que se detecten indicios de incumplimiento, se abrirá la fase del expediente sancionador si se demuestra que la compañía ha incumplido el reglamento», explican a EL MUNDO desde la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, que a pesar de advertir de que los datos son muy preliminares asegura haber recibido 370 reclamaciones y 160 llamadas para solucionar dudas sobre el tema.
Aún por conocer cuál será la reacción de los consumidores ante una crisis que ha dejado muy tocada su credibilidad, la aerolínea se enfrenta a un periodo en el que deberá replantear su enfoque empresarial para sobrevivir a las consecuencias de su propio modelo de negocio.
http://www.elmundo.es/economia/empresas/2017/10/10/59d773be46163f374c8b4626.html

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